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Padres de familia: los grandes pilares del sistema educativo

Texto: Erick Juárez
Fotografía principal: Juan Carlos Angulo, interiores: Maricela Moreno
06/02/2019

 

 

¿De qué depende el éxito de una escuela?, ¿qué factores son decisivos para lograr resultados relevantes?

 

Más que de la cantidad de recursos asignados, de la ubicación del plantel o del número de alumnos y profesores, los logros de una comunidad escolar dependen de la relación entre los actores involucrados: padres de familia, maestros, alumnos y autoridades educativas tienen que lograr una comunión para hacer que las cosas funcionen correctamente y alcanzar los objetivos planteados.

 

Un pilar fundamental del conjunto es la colaboración de tutores y padres de familia en la vida escolar. Esto va más allá de su asistencia a firma de calificaciones, festivales o cooperación en tareas de mantenimiento. Su participación debe ser integral y en constante comunicación con profesores, directivos, alumnos y otros padres de familia.

 

Diariamente padres, abuelos, tíos, hermanos, etcétera, acompañan a millones de niños a las escuelas del país, revisan sus tareas e intervienen, en mayor o menor medida, en las actividades que su educación les demanda. Sin embargo, para lograr que tanto la institución como los alumnos destaquen, se necesita un esfuerzo mayor. Los padres y tutores deben asumir compromisos reales y ser constantes para que se cumplan.

 

En México existen registros de casos sobresalientes en los cuales la participación de los padres ha mejorado el entorno y desarrollo de la escuela, a pesar de encontrarse ésta en un contexto adverso y complicado. Se trata de modelos a seguir para reproducirlos en otras comunidades educativas.

 

Jardín de Niños Guadalupe Sandoval:

la consolidación de grandes lectores

 

Los niños empiezan a conocer y a descubrir el mundo en que viven a partir del contacto con sus padres, en primera instancia, de la observación y el reconocimiento de su entorno y de su relación con las personas con quienes conviven. Aprenden de lo que ocurre diariamente en casa, de las actividades que ahí se realizan, de las actitudes y formas de trato que observan tanto entre los adultos como las que se manifiestan hacia ellos (Fuenlabrada, Moreno y Pérez, 2018).

 

El Jardín de Niños Guadalupe Sandoval se encuentra en la comunidad de Santa María Ahuacatitlán, al norte de Cuernavaca, Morelos. Parece a simple vista una escuela común; sin embargo, al descubrir sus entrañas, observamos que estudiantes y profesores tienen una cualidad admirable: su pasión y amor por la lectura.

 

A pesar de que son muy pequeños, los alumnos de este jardín de niños cultivan el amor por los libros y las historias. Su entusiasmo se despertó gracias al trabajo conjunto de padres, directivos y profesores.

 

Todos los miércoles, un grupo de padres de familia organiza en la escuela el préstamo de libros. Niños de cuatro, cinco o seis años se forman, ansiosos y exaltados, por tener entre sus manos una nueva aventura. “Es un trabajo que hemos realizado y fomentado desde casa”, señala Josefina Rosas, una de las madres, mientras registra un nuevo préstamo.

 

Cecilia Garduño Flores, mamá del pequeño Marcelino, quien cursa el tercer grado, opina que el involucramiento de los padres en la vida escolar es fundamental, pues representa uno de los grandes pilares en el desarrollo de los menores. “Estas tareas, que forman parte de su desarrollo, son importantes tanto para ellos como para nosotros, [ya que también] los padres aprendemos de sus profesores y podemos fortalecer estas actividades en casa”, añade.

 

Según su opinión, el desarrollo de un niño es mucho mejor cuando sus padres se involucran: existen grandes mejoras en su seguridad, en su expresión y se notan evidentemente más felices. Esto —indica— es muy importante en los primeros grados de escolaridad, dado que la formación inicial es la más trascendente de todas, aunque los padres de familia no pongan suficiente atención a ello.

 


Cecilia Garduño, madre de familia del Jardín de Niños Guadalupe Sandoval,
comunidad Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos.

 

Por otra parte, Sinaí Álvarez Montiel, madre de América, piensa que la participación de los padres mejora notablemente el desarrollo integral de los menores, y que un niño que recibe poca atención tendrá, lamentablemente, un desarrollo pobre. “Yo estoy muy al pendiente de las solicitudes de los profesores. Soy parte del comité de apoyo escolar. Dos días a la semana me encargo de la biblioteca y fomento a la lectura”, menciona.

 

Aunque cree que la relación entre padres, maestros y directivos es muy buena, y siempre se da en términos de respeto y confianza, sostiene que aún hay mucho por hacer en este aspecto, debido a que todavía son numerosos los padres que no entienden la importancia de su participación. “Uno de los principales retos es el tiempo y la disposición. Algunos padres trabajan o tienen muchas tareas en el hogar y consideran que el involucramiento escolar no es tan relevante. Mientras tanto, yo seguiré apoyando a la comunidad escolar. Mi hija se pone muy feliz de verme aquí”.

 


Itzel Luna, directora del turno matutino en el Jardín de Niños Guadalupe Sandoval,
comunidad Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos.

 

Participar en la construcción del andamiaje educativo no sería posible sin una correcta comunicación y cooperación entre profesores y directivas: quienes comandan ambos turnos han realizado un trabajo de conexión interna y colaboración excepcional que ha llevado a este jardín de niños a tener mejores resultados que otros centros escolares. Itzel Luna y Wendy Ferrara Amaro —directoras de los turnos matutino y vespertino, respectivamente— han llevado a cabo un arduo trabajo conjunto para mejorar tanto las instalaciones de la escuela como la vida académica dentro de las aulas. Según explican, lograr una coordinación eficaz y enlace entre ambos horarios ha ayudado a que padres de familia, profesores y demás autoridades educativas cooperen de forma eficaz bajo un mismo objetivo: mejorar las condiciones de desarrollo de los infantes.

 



Wendy Ferrara, directora del turno vespertino en el Jardín de Niños Guadalupe Sandoval,
comunidad Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos.

 

Desde su punto de vista, la participación de los padres es un pilar fundamental para la educación. De ellos no sólo reciben valiosa ayuda en las tareas de limpieza y mantenimiento o ayuda económica para conseguir el material del que carecen; su más importante labor es con los niños y consiste en inspirarlos, reforzar lo que se ve en las aulas y enseñarles que su formación es muy importante para su vida. “Por más que motivemos a los niños, les ayudemos e impulsemos, este trabajo no tendrá frutos si los padres no lo continúan”, afirma Itzel Luna, tomando en cuenta que la educación preescolar representa los cimientos para la vida escolar posterior. “Si en este periodo los padres no apoyan a sus hijos, los motivan y hacen responsables, tendrán muchos problemas más adelante”.

 

Aunque los planes y programas de estudio actuales incluyen la participación de los padres de familia en las actividades escolares, la entrevistada piensa que queda mucho por hacer al respecto, ya que deben existir campañas más efectivas para generar conciencia respecto a esta tarea y a su función.

 

El Jardín de Niños Guadalupe Sandoval ha sido reconocido a escala nacional por su programa de fomento a la lectura y biblioteca escolar. Es, sin duda, un nido de grandes lectores.

 

La escuela de Pencuyut: un faro de luz y esperanza

 

La Escuela Primaria Rural Federal Julián M. Castillo se encuentra en el poblado de Pencuyut, Tekax, a dos horas de Mérida, Yucatán.

 

Como la mayoría de las escuelas rurales, funciona como un referente en la localidad; los profesores y directivos gozan de un trato de respeto y admiración por parte de toda la comunidad.

 

Aunque a simple vista parece una escuela común, tiene una gran cualidad: sus alumnos destacan a escala nacional en las diversas pruebas, olimpiadas y concursos a los que asisten. Es realmente un oasis académico en medio de comunidades pobres e, infortunadamente, abandonadas.

 

Cuando acudimos de visita su director, Jorge Adrián Vargas, un profesor joven y entusiasta, nos muestra muy orgulloso el muro de los honores: una pared que exhibe recortes de diarios locales y nacionales, fotografías, diplomas y demás recuerdos de un amplio listado de alumnos sobresalientes. Ahí se aprecian las fotos de niños ganadores de olimpiadas y concursos, de alumnos recibiendo reconocimientos de manos de gobernadores y otras autoridades, incluso del expresidente Enrique Peña Nieto, así como elocuentes titulares de diarios: “Niña de quinto grado gana Olimpiada de Matemáticas” (Yucatán Ahora, 2013), “Ganan Olimpiada del Conocimiento” (Caamal, 2018) y “Niña destacada desde pequeña” (Yucatán a la Mano, 2017).

 

Si bien son producto de arduas horas de labor docente, estos logros les corresponden, principalmente, a los padres, menciona el director. “Aquí todos juegan un papel muy importante en el desarrollo académico de los niños: profesores, tutores, directivos y la comunidad en general está muy comprometida con las tareas”.

 


Jorge Adrián Vargas, director de la Escuela Primaria Rural Federal Julián M. Castillo,
poblado de Pencuyut, Tekax, Yucatán.

 

El terreno de la escuela es muy pequeño, demasiado para su matrícula de 226 alumnos y una plantilla de doce personas. Sus viejas aulas fueron construidas hace más de medio siglo; hay además un par de salones acondicionados, todos atiborrados de niños, que en época de calor “parecen ser un infierno”.

 

“A pesar de que tenemos los mejores resultados, ninguna de las autoridades educativas municipales, estatales o federales nos han querido donar un terreno adjunto a la escuela, el cual ayudaría muchísimo no sólo a desahogar los salones y mejorar las condiciones de toda la comunidad, sino al propio desarrollo escolar”, sostiene Jorge Adrián Vargas.

 

No obstante esta situación, la escuela funciona perfectamente, lo cual no sería posible sin la colaboración de los padres. “Ellos nos acompañan y respaldan cuando solicitamos apoyo y exigimos que se mejoren las condiciones de la escuela. Gracias a su ayuda hemos logrado muchas cosas, podemos tener más materiales y servicios. Esto se ve reflejado en el desempeño de los niños”, añade el director. Cabe aclarar a este respecto que no ha sido necesario que los padres donen un solo peso: todo se ha conseguido gracias a la participación social.

 

Cuando llegamos a la escuela, era hora del receso. Sin embargo, no encontramos puertas cerradas como en muchos otros planteles, sino que descubrimos un espacio abierto a la comunidad. Siempre ha habido libre acceso, según atestiguan los padres de familia. Para ellos es normal involucrarse, llevarles comida a sus hijos e interactuar con los profesores. Algunas mamás comentan que pueden entrar, ver a sus hijos, ayudar a limpiar la escuela, mantener el plantel en orden y vigilar el trabajo de los profesores; todo sin interrumpir las clases o disminuir la autoridad de los maestros.

 


Dulce Chan, madre de familia de la Escuela Primaria Rural Federal Julián M. Castillo,
poblado de Pencuyut, Tekax, Yucatán.

 

Esta escuela forma un pilar importante en la comunidad y, sin duda, los tutores son copartícipes conscientes de que si no se logra una alianza entre todos los actores educativos y se mejora la crianza en el hogar no se podría alcanzar lo que ya ha logrado la escuela.

 

“Los excelentes logros académicos y la larga lista de alumnos destacados no sólo es tarea de nosotros, los profesores, sino de los papás y de la comunidad involucrada y convencida de que sólo una buena educación puede sacar a este pueblo adelante”, dice la profesora Yolanda Parra, quien atiende el segundo grado, grupo B, de la escuela.

 

“Nosotros [—añade—] como profesores tenemos la obligación de darles las bases académicas a los alumnos, pero el verdadero trabajo está en casa, con los padres, quienes son los responsables de motivarlos y guiarlos en su camino al éxito”. Para ello, aclara, no es necesario que los padres o tutores tengan una formación académica especial; muchos ni siquiera saben leer y escribir, pero están conscientes de que la educación de sus hijos es primordial y que únicamente por ese sendero los niños podrán obtener mejores condiciones de vida que las de ellos.

 


Yolanda Parra, profesora en la Escuela Primaria Rural Federal Julián M. Castillo,
poblado de Pencuyut, Tekax, Yucatán.

 

Según la maestra Lourdes Acevedo, titular del quinto grado, aún hay un largo recorrido por andar, pues debido a las condiciones de marginación y pobreza que atraviesan esa y muchas otras comunidades de Yucatán, los padres de familia desconocen la importancia de la educación en el desarrollo de la sociedad, forzando a los niños y jóvenes a abandonar la escuela y a trabajar en el campo o en las fábricas. “Esto es una gran tarea y un obstáculo a vencer, sin embargo, vamos por buen camino. Es un trabajo en el que las autoridades, gobernadores y demás tomadores de decisiones deben participar, debido a que el tema de mejora y continuidad educativa es transversal”, concluye la entrevistada.

 

Mientras recorríamos la escuela, el receso terminó. Los niños, al menos la mayoría, dejaron una escuela limpia, sin basura. Entraron a sus salones de manera ordenada, entre risas y juegos, pero con respeto entre ellos. Al retomar de nuevo las clases ponían atención, entablaban diálogos con los profesores y cuidaban su espacio de trabajo.

 

Educar: la tarea más difícil

 

“Nadie nos enseña a ser padres, muchas veces no sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos, pero lo que hacemos es con todo nuestro amor”. Escuchamos estas palabras en cada una de las comunidades visitadas. Los padres y los tutores son cada día más conscientes de que las labores académicas no son responsabilidad exclusiva de los profesores o de un sistema educativo que, según parece, no tiene un rumbo fijo. Son esos millones de madres, padres, tíos, abuelos, hermanos, quienes han asumido el compromiso de mejorar nuestra sociedad por el camino de la educación de calidad.

 

La tarea también depende de las autoridades. Para que los padres lleven a cabo de una manera adecuada sus tareas y refuercen su responsabilidad con niños y jóvenes es necesario mejorar las condiciones en las que viven: conseguir empleos mejor pagados, flexibilidad de tiempo, seguridad alimentaria y social, oportunidades de recreación, etcétera.

 

Sólo siendo conscientes de las necesidades de cada actor en el ámbito educativo y ayudando a que todos rindan mejores frutos podremos contar con nuevas generaciones comprometidas con su comunidad, medio ambiente y un mejor futuro para nuestra patria.

 

Referencias

 

CAAMAL, Julio César (2018). “Ganan Olimpiada del Conocimiento”. Diario de Yucatán, marzo 10 (en línea).

FUENLABRADA, Irma; Eva Moreno y Rosa Pérez (2018). Libro para las familias. Ciudad de México: Secretaría de Educación Pública.

YUCATÁN AHORA (2013). “Niña de quinto grado gana Olimpiada de Matemáticas”. Yucatán Ahora, octubre 28 (en línea).

YUCATÁN A LA MANO (2017). “Niña destacada desde pequeña”. Yucatán a la Mano, marzo 28 (en línea).

 

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