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Consejos de neurociencia para docentes

Por Verónica Garduño G.
28/02/2019

 

 

Todos los maestros lo saben: si los niños estudian sólo un día antes del examen es posible que lo aprueben, pero una semana más tarde ya se les habrá olvidado todo lo aprendido. ¿Por qué pasa esto? Los profesionistas más capacitados para responder la pregunta son los neurocientíficos, pues la clave está en los mecanismos con los que se forman los recuerdos en el cerebro, y en particular en la diferencia entre memoria a corto y a largo plazos.

 

A través de experimentos llevados a cabo con animales desde hace décadas, entre otros métodos de investigación, los neurocientíficos han comprobado que si se quiere que un recuerdo perdure la mejor estrategia es “hacer muchos entrenamientos o prácticas”, una y otra vez, a lo largo de varios días.  Según se ha observado, ratas, gatos y otros animales aprenden y memorizan la forma de resolver problemas, como salir de un laberinto; entre más veces repiten la operación lo hacen no sólo más rápido, sino que la información se logra retener durante más tiempo. Funciona en el laboratorio… y también en el salón de clases.

 

El experimento llamado laberinto de Morris consiste en un dédalo acuático donde una rata tiene que nadar hasta encontrar una plataforma para sostenerse. Al principio tarda cincuenta minutos en hallarla; conforme lo hace más veces logra mucho mejores tiempos, debido a la afinación de la memoria. Entre más “entrenen” las neuronas logran más y mejores conexiones entre ellas, cambios que pueden ser medidos en el laboratorio.

 

Al igual que en este caso, los maestros pueden obtener conclusiones útiles para su práctica si estudian, así sea someramente, qué sucede en el cerebro de sus estudiantes durante el proceso de aprendizaje, aprovechando los espectaculares avances que ha experimentado la neurociencia en las últimas décadas. De hecho, en Educación para la democracia y el desarrollo de México el INEE recomienda que la formación inicial de los docentes se actualice de acuerdo con los avances en diversas disciplinas, entre ellas la neurociencia.

 

Enseguida expongo algunos hechos investigados por especialistas en la materia que conviene a los profesores tomar en cuenta.

 

  • El ejercicio tiene un efecto positivo en el estado de ánimo y en la concentración, además de que promueve una mejor memoria. Una sola sesión aumenta los niveles de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina. El beneficio en la concentración dura por lo menos dos horas. Incluso se ha probado que la actividad cardiovascular impulsa la creación de nuevas neuronas en el hipocampo y promueve que esta estructura, clave para la memoria, aumente de tamaño.
  • De la misma forma en que los músculos que se ejercitan se hacen más fuertes, si el cerebro está activo y estimulado se fortalece y modifica.
  • Cuando una neurona se conecta con otra, y lo hace repetida y constantemente, tienen lugar procesos metabólicos en ambas células para que la eficiencia sináptica se incremente (postulado de Hebb). Ello permite entender cómo se dan el aprendizaje y la memoria. Las áreas del cerebro que normalmente se utilizan en conjunto tienden a permanecer conectadas. Los neurocientíficos lo han comprobado investigando los cerebros de ratas que se encuentran en un ambiente enriquecido con juguetes y convivencia social, y comparándolos con el de ejemplares aislados. En aquéllas se confirmaron cambios sinápticos que se pueden identificar y cuantificar. Además, se ha detectado que tienen una mayor cantidad de zinc en su cerebro.
  • Muy importante para mantener en el cerebro los cambios plásticos que resguardan y procesan la información es la formación de proteínas. Cuando las personas tienen problemas de nutrición también se puede ver afectado su aprendizaje, debido a que carecen de la base química para generar las proteínas necesarias.
  • Aprender a tocar un instrumento o hablar otro idioma, escribir, practicar la pintura, platicar o socializar con personas que piensan diferente e incluso jugar algunos videojuegos son actividades que ayudan a generar una reserva cognitiva en el cerebro; es decir, éste se fortalece y sus conexiones se tornan más robustas. De este modo, contribuimos a que nuestro cerebro quede protegido de enfermedades como el Alzheimer y los accidentes cerebro vasculares (teoría de la reserva cognitiva).
  • Otro descubrimiento confirmado es que el cerebro aprende mejor y más fácil cuando conecta información nueva con datos que ya tenía. Por eso, a los estudiantes que tienen bases pobres les cuesta más trabajo asimilar o entender los nuevos conocimientos. Así se entiende, por ejemplo, que al alumno que no sabe sumar le cueste más trabajo aprender a restar. Es de suma importancia que no vayan quedando huecos en el aprendizaje.

 

Si quieres enterarte de más aportaciones de la neurociencia a la comprensión de algunos procesos relacionados con el aprendizaje te conviene leer el artículo Mente, cerebro y educación, de Emilio Sánchez Miguel (2009). En él también hallarás una crítica al alcance del impacto que tiene la disciplina en la innovación educativa. El autor alerta sobre los llamados neuromitos, que son interpretaciones equivocadas (o imprecisas) de los resultados obtenidos en el laboratorio. Uno de ellos, por ejemplo, sostiene que los hemisferios cerebrales son dos bloques separados, especializados en determinadas tareas, cuando realmente cada tarea cerebral requiere de contribuciones de áreas específicas de ambos.

 

Otro neuromito es el que establece periodos críticos para adquirir determinadas competencias, como un idioma, lo cual implica una falsa interpretación: es cierto que un idioma se aprende con mayor facilidad en la primera infancia, pero ello no implica que un adulto sea incapaz de aprenderlo.

 

Ten en cuenta que el trabajo de las neurociencias es minucioso, largo y especializado, pero comprender algunos de sus resultados y aplicarlos en el aula está al alcance de todos los padres y profesores.

 

Referencias

 

(INEE). Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (2018). Educación para la democracia y el desarrollo de México. Ciudad de México: INEE.

TOKUHAMA-ESPINOSA, Tracey (2013). ¿Qué puede hacer la ciencia de mente, cerebro y educación por la enseñanza y el aprendizaje? (en línea). Quito: Universidad San Francisco de Quito.

 

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